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AstronomíA Magazine sept. 2014

Portada de la revista AstronomíA del mes de septiembre en la que se publica el siguiente reportaje sobre PLD Space.

SEPTIEMBRE DE 2014.- Nos encontramos en ciudad de Alicante en una tarde del mes de julio de 2014, en pleno verano, sufriendo los rigores del calor. Nada más que “caen” unos 31 grados centígrados a la sombra en una seca y soporífera tarde en la que, para variar, no cabe ni un alma en playas como las de San Juan o los Arenales del Sol.

Pero hoy no toca pisar la arena de la playa aunque el cuerpo lo pida. Hoy nos desplazamos hasta la cuna del calzado en nuestro país, la ciudad de las Palmeras por excelencia, Elche, donde vamos a visitar a los ingenieros de la compañía aeroespacial PLD Space; una aventura pionera en nuestro país liderada por un equipo de jóvenes soñadores que, desde 2011, nos ilusionan con una voluntad decidida por diseñar y construir desde Elche y para España, el primer cohete de combustible líquido.

Mucho antes, como es natural, los ingenieros de PLD Space tienen por delante un duro y largo camino de pruebas que desde la revista AstronomíA, queremos recorrer juntos y, por qué, hacer y relatar esta historia que formará parte de nuestra Historia.

La sede de PLD Space

Así pues tomamos la Autovía del Levante en pocos minutos nos encontramos frente al edificio “Quórum IV” del campus de la Universidad Miguel Hernández (UMH) en Elche. Este  edificio acoge, como a PLD Space, a muchas otras empresas que apuestan por la tecnología ‘made in Spain’; algunas incluso ya son colaboradoras de PLD Space. El edificio toma el nombre de la Fundación Quórum, entidad gestora del Parque Científico y Empresarial de la UMH. Un ente privado que tiene como misión “el impulso y la coordinación de las actuaciones de la empresa y la Universidad en materia de Ciencia, desarrollo tecnológico e Innovación, así como la realización y gestión de todas aquellas actividades que contribuyan a la promoción y mejora de la competitividad de las empresas por la vía de la transferencia tecnológica de la investigación universitaria”, tal y como reza en su carta de presentación. Y lo comprobamos.

El acceso al edificio es restringido, como es lógico. Pero en pocos minutos nos recibe Raúl Torres, ingeniero de Propulsión y Diseñador Jefe del vehículo de lanzamiento. Dentro del edificio, tras cruzar la puerta, nos encontramos con un poster bien grande de un “señor cohete” de la Agencia Espacial Europea, en pleno despegue, un Ariane. Espectacular. Otras impresiones similares nos hacen percibir que nos encontramos ante un lugar especial, fuera de lo habitual. Los despachos del edificio no son muy grandes, pero lo suficientes para, como es el caso, permitir “arrancar” proyectos empresariales que buscan dar un servicio novedoso a la sociedad. En el caso de PLD Space este espacio ya se quedó pequeño y enseguida comprenderán la causa.

La “cueva”

La “cueva” es como llaman al lugar actual dónde más horas pasan al cabo de la semana los ingenieros de PLD Space en Elche. El nombre hace similitud con “the trench” o la trinchera, que “era la primera fila de la sala de Control de Misión durante el programa Apolo norteamericano. En la trinchera es donde se tomaban las decisiones orbitales que llevarían al hombre a la Luna”, nos explica Raúl Torres, este joven ilicitano licenciado en Ciencias Biológicas e Ingeniero Aeroespacial que, desde pequeñito se ha ido aproximando poco a poco al techo de nuestro Globo, primero con modestos pero resolutivos cohetes de agua y, hoy en día, como ingeniero y empresario forjado tras su paso por las universidades de Alicante y Valencia y el “mundo” que da que te cierren muchas puertas y se abran otras, las menos pero las mejores. “Éramos un grupo de amigos que desde adolescentes nos hemos sentido con la necesidad de hacer volar cosas. Nos conocimos en la universidad y un día nos decidimos a ponernos manos a la obra”. Allá por 2010 en la biblioteca de la Universidad se conocieron Raúl Torres y Raúl Verdú y empezaron a trabajar juntos con el fin de desarrollar un pequeño satélite (CanSat) con el fin de familiarizarse con esta ingeniería y, de paso, participar en el galardón que la Agencia Espacial Europea otorga a este tipo de proyectos. Empezaron a entenderse con el diseño de la aviónica y pronto centraron su interés sobre los lanzadores. Así que por un momento se cuestionaron si serían capaces de desarrollar su propio vehículo lanzador. Construyeron el pequeño Raptor-1 que consideran hoy como “amateur” pero que les valió para ganar el premio “49K” en junio de 2011. Y, ya en septiembre de ese año, nace PLD Space.

Se ponen manos a la obra para la puesta en marcha de un proyecto aeroespacial pero con un claro objetivo comercial y piensan en el Arion-1 como su primer lanzador. Un cohete ideado para vuelos suborbitales, económico y que abre la puerta a pequeñas y medianas empresa de este sector a las condiciones de micro gravedad, entre otras cosas, que ofrecen este tipo de vuelos. “Llegamos a adquirir en poco tiempo muchos conocimientos sobre  economía, marketing, recursos humanos, derecho y sobre la empresa en general, entre otras muchas cosas. Sabíamos que aquí existe un nicho importante de mercado y vamos a por ello”, nos explican.

Como les decía, en “la cueva”, la gente de PLD Space toma constantemente decisiones técnicas y económicas importantes, muchas de ellas críticas, que si todo va bien harán que esta compañía española pueda llegar al espacio “dentro de algo más de tres años”, tal y como nos asegura Raúl Torres, el también gerente (CEO) y cofundador de PLD Space.

Primera parada, Arion-1

En este lugar, en ‘nuestra’ trinchera, son en total cinco ingenieros los que trabajan duro para poder desarrollar el primer motor de combustible líquido de España. Ellos están en esa primera línea de la sala de Control de Misión que va tomando forma. En el equipo Raúl Torres es uno más de ellos. Como Ingeniero responsable tanto del cohete como de la propulsión, es decir, del motor cohete, nos explica que el primer artefacto tendrá unas 2,5 toneladas de empuje en el despegue, pero  lo más importante es que “seguirá funcionando en el vacío del espacio a más de 100 kilómetros de altura”, añade Torres. El cohete Arion-1 tendrá unos 12 metros de longitud por 64 centímetros de diámetro y será capaz de transportar hasta 250 kilogramos de carga útil.

En este desarrollo y construcción será clave el sistema de recuperación del cohete, ya que su recuperación, reparación y mejora servirá para sucesivos lanzadores. La idea es que tras cumplir con su misión, los cohetes caigan al océano mediante un sistema de paracaídas que, además de suavizar el impacto con el agua, acercará a la lanzadera (ya sin combustible) hacia el punto de partida planeando con un parapente teledirigido, que mediante servos que harían de “brazos” tirando de las cuerdas, fuera recuperado. Este aspecto “se diseñará y construirá por nosotros o se adquirirá”, nos afirma Raúl Torres. El combustible que PLD Space empleará para el motor cohete se denomina “KeroLOx”. Se trata de usar la combinación de oxígeno líquido y queroseno (en depósitos separados), una mezcla “explosiva” que nunca antes ha sido empleada por empresa u organismo público español para un lanzamiento profesional, a pesar de ser el combustible de la carrera aeroespacial por excelencia desde los años 50. Nos apunta Raúl Torres, verdadero forofo de la carrera espacial, a este respecto que fueron los misiles rusos R7 “Semyorka” los primeros en emplear este combustible tan energético y eficiente, por cierto, misiles que -según nos añade Torres, “son los precursores de la propulsión de los Soyuz rusos actuales”.

Pero quien realmente está más ocupado estos días y de quién dependen especialmente los avances en el desarrollo del Arion-1 es Raúl Verdú, responsable de la Instalación del primer banco de pruebas privado; un ‘laboratorio al aire libre’ ideado para certificar y probar las diversas partes que conformarán el motor cohete definitivo, no sólo del Arion-1, también de su sucesor, el Arion-2. Raúl Verdú, el “otro” Raúl de PLD Space, es el diseñador industrial que, junto a Raúl Torres, conforma el núcleo tecnológico de PLD Space.

La lista de la compra

Durante esta visita a las oficinas de PLD Space en Elche nos detallan algunas de las piezas, componentes, partes que van a emplear a partir de los próximos meses en las pruebas ya ‘in situ’, sobre el terreno en el banco de pruebas. En los últimos cuatro meses han ido recibiendo elementos como los sensores de medición de los tanques de queroseno; han recibido hace pocas semanas la bomba de alimentación del sistema de supresión de sonido por agua, necesario para ‘amortiguar’ el conducto de llama del banco de pruebas en el momento de la ignición del motor. También han instalado varios paneles verticales que usarán para las pruebas unitarias de los instrumentos de medición del suministro de presurizante, tanto del banco de ensayos como del motor cohete. Otras de las piezas que ya tienen a su disposición son los núcleos de fabricación para las dos primeras cámaras de combustión de los motores de la segunda etapa del Arion-1, además de una larga de lista de empalmes, juntas, conversores, etcétera; piezas que conservan bien inventariadas, etiquetadas y en orden. Muchas piezas que son de un acabado y una calidad fuera de lo habitual, como se requiere para el caso. No nos debemos de sorprender por ello. Pero realmente el trabajo de Raúl Verdú está delante del ordenador, diseñándolo todo en CAD, la mejor forma de visualizarlo en 3D. Verdú lo mide todo, lo informatiza todo de manera que las simulaciones y la documentación que se genere tras las pruebas, a medida que avance el desarrollo del Arion-1, queden registradas para su perfecto análisis, discusión y, sobre todo, certificación de la instalación, por partes y en su conjunto. No olvidemos, como bien nos han asegurado desde el principio en PLD Space, el Arion-1 será tan sólo el primer paso para una futura generación posterior de lanzadores mayores, que irán al espacio a órbitas superiores a los 200 kilómetros y por espacios de tiempo de varios meses.

La instrumentación

Dentro del equipo de trabajo de PLD Space se encuentra Mariano Alfaro, ingeniero industrial natural de Aspe (Alicante), quien ostenta la responsabilidad de ser el ingeniero de Instrumentación de la compañía. Cuando preguntamos a Mariano por cómo se sumó al equipo nos relata con sencillez que tras terminar la ingeniería tenía que hacer el proyecto de fin de carrera y optó por el trabajo titulado: “Automatización del banco de pruebas para motores cohete” para el que contó con la dirección del profesor Luis Payá. “Tenía que hacer el trabajo de fin de carrera y como conocía tanto a Verdú como a Torres me pregunté: ¿A quién mejor que a ellos iba a hacerles el proyecto?”, así que en junio de 2013 obtenía el aprobado al proyecto y se puso manos a la obra a trabajar para PLD Space, según nos explicó Mariano Alfaro en su despacho en el campus ilicitano. Si bien, como nos confesó, “el proyecto que hice realmente ya nada tiene que ver con lo que vamos a hacer”, entre otras cosas tras haber optado por una tecnología puntera, muy actual, que nada tiene que ver con las herramientas que se emplean aun en la universidad.

En el día a día, por delante de la pantalla de Alfaro pasan y pasarán cientos o miles de variables, indicadores, lecturas y escrituras de datos, que se escrutarán antes de ver volar al primer Arion-1 en pocos años. Y se en Mariano en donde, hay que decirlo, nos encontramos con una buena muestra del grado de evolución tecnológica en el que nos vemos inmersos y de la capacidad de resolución de problemas a la que se debe someter cualquier ingeniero, aportando las soluciones más sencillas y, en este caso, también las más veloces. Y aquí entra en juego el ‘hardware’, del que es su ‘guardián’ Mariano Alfaro. “Cuando tengamos el banco de pruebas contaremos con más de 100 sensores a los que habrá que hacer seguimiento a la milésima de segundo en todas y cada una de las diversas fases de los ensayos”, nos explica Alfaro sentados frente al esquema de todo el “sistema nervioso” del sistema de ignición que supervisa. “Antes de cualquier prueba”, nos sigue explicando Alfaro, “ya tendremos reproducidos y programados bajo un mismo entorno de desarrollo todas las variables a manejar: temperaturas, presiones, caudales, etcétera”, concluye.

Además de la simulación de ese “sistema nervioso” del motor cohete de combustible líquido, Mariano es el responsable de las medidas de seguridad que salvaguardarán la integridad de los equipos y, sobre todo, de las personas. Tal es el celo y la escrupulosidad con la que aquí se trabaja que no han querido “delegar” ciertas cuestiones. Por ello, acaban de construir una mesa de control completa, desde la que poder tomar decisiones sobre toda la planta de pruebas, sin recurrir a terceras partes salvo en componentes electrónicos y piezas como la carcasa de la mesa de control, para cuya construcción como dice Mariano Alfaro, “si hace falta nos acercamos a uno de los diversos negocios locales más cercanos que tenemos y que ya nos conocen”, se sonríe.

El “alma mater”

Pero si tenemos que poner la etiqueta del “alma mater” del equipo tenemos que apuntar hacia Eleazar González, el más veterano de los integrantes de PLD Space. Eleazar durante 2005 y 2006 participó en dos campañas de vuelos parabólicos de la Agencia Espacial Europea con fines científicos estudiando el comportamiento de fluidos bifásicos y el cambio de fase en condiciones de baja gravedad. Eleazar, así pues, es el único que se ha puesto “de verdad” el mono de trabajo y ha “sufrido” los efectos de la ingravidez. “En mi caso no guardo muy buen recuerdo de la ingravidez”, nos confiesa, ya que sufrió los efectos de esta ausencia de gravedad en su cuerpo. En PLD Space Eleazar (“Ele” que es como lo llaman) es el ingeniero de Propulsión. A él –como al resto, nunca le deberán fallar los cálculos. Y así será, al menos mientras sigan en pie de guerra apostando por nuestro futuro, por ellos mismos.

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